EN EPOCA DE CRISIS (4)
Martes, Abril 22nd, 2008Hoy en día esta moda todo lo laico, pues bien, ahora toca escribir de personas que no lo son, en concreto del Padre Alberto, Capellán del Colegio Mayor Torres Quevedo y creo que también lo fue de la universidad de Cantabria.
El pasado sábado se celebro una comida homenaje a este Hombre. Acudió gente de toda España para comer con el, la mayoría no han ido a misa más que en reuniones familiares (bautizos, comuniones, bodas, etc.), pero respetaban a este hombre que siempre dio buenos consejos y palabras de ayuda para unos jóvenes que acudían a Cantabria a formarse en la Universidad.
Recuerdo mi llegada a Santander en septiembre de 1999, procedente de Ponferrada, mi ciudad natal, y tras una serie de avatares, accedí al Colegio Mayor Torres Quevedo y a la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Cantabria, si en el edificio viejo, aquel que nadie es capaz de explicar como se construyó en Santander.
El Colegio Mayor no era el paraíso para cualquier joven de 18 años, no se parece en nada a lo que vemos en las películas americanas, de hermandades y jóvenes con sudaderas con letras griegas.
En los noventa era el sustitutivo de la mili en la época de esplendor de la Objeción de Conciencia.
Allí conocí a mis mejores amigos en Cantabria, aunque todos ellos eran como yo emigrantes, probablemente privilegiados, pero emigrantes.
En mi generación, como en otras anteriores y posteriores, se fraguaron los ejecutivos actuales de varias de las más importantes empresas del país, gente que sin ruido esta triunfando.
No quiero despistarme mucho, empecé hablando del padre Alberto y quiero terminar con el, haciéndole un modesto homenaje, no íbamos a misa pero si jugábamos el “futbito” del cura todos los sábados a las cuatro de la tarde, daba igual la hora a la que nos habíamos acostado el día antes. Un grupo de personas que no éramos lo mejores estudiantes, probablemente tampoco lo mas amables ni mejores compañeros, pero si fieles a un HOMBRE que jamás tuvo una mala palabra ni una mala acción, sino todo lo contrario. Un Cura, si un Cura que siempre comprendió a los jóvenes que acudíamos a Santander desde todas las partes de España y que solo necesitábamos cariño y comprensión.
Por cierto yo no fui a su comida homenaje, pero si me permitió volver a ver a gente con la compartí muchas horas hace casi veinte años y con la que no tengo relación actualmente.
Gracias Alberto y el sábado que tu quieras organizamos un futbito.